A pesar de que son un regalo sencillo que puede gustar mucho, las experiencias no siempre son el mejor regalo.

Buscando nuevos regalos originales para destacar en el blog, me he vuelto a tropezar con las siempre presentes experiencias. Ya sabéis: esos cofres, cajas, tarjetas… que prometen una experiencia de ensueño a aquel que las recibe facilitando notablemente la vida a quien hace el regalo. No os voy a engañar: son una de las mejores soluciones cuando andamos buscando un detalle y no se nos ocurre nada, encontrando en ellas al mejor remedio contra el bloqueo a la hora de regalar. No se necesita saber mucho del homenajeado, apenas hay que conocer sus gustos, suelen encajar en casi cualquier situación… Al fin y al cabo, ¿quién le hace ascos a un spa, a un fin de semana de escapada o a una velada de gourmet? Nadie. Pero… ¿Qué es lo que dicen las experiencias de quien las regala? Empezaré por ahí.

No hay ninguna duda: es ver surgir a un cofre de experiencias del papel de regalo y pensar que quien nos lo ha hecho no tenía muchas ganas de buscar algo con lo que sorprendernos. No me malinterpretéis: no quiero decir que las experiencias sean un mal regalo, sólo hago alusión al trabajo que le quitan a la búsqueda de la sorpresa. ¿Recordáis el típico dicho de “lo que cuenta es la intención”? Pues guarda mucho sentido: yo quiero que la persona que me conoce se esfuerce en encontrar algo que realmente me guste, valorando muy positivamente el esfuerzo que haya desempeñado en la tarea. Y vosotros no sé lo que pensáis, pero yo opino que agarrar un cofre de una estantería llena de experiencias no es mucho esfuerzo. ¿Es desdeñable? Ni mucho menos: la intención también es hacer el regalo. Pero no sé, creo que un poco más de empeño merece la pena. Al fin y al cabo, un regalo puede quedar para siempre. ¿Y una experiencia realmente se transforma en un gran recuerdo? La mayor parte de las veces no, eso es un hecho.

Partiendo de la base de que a todos nos gusta experimentar, no a todos nos gustan los mismos tipos de experiencias. De ahí que la mayoría de los cofres se especialicen en estancias de hotel, escapadas y todo tipo de alojamientos y servicios relacionados con las salidas de ocio. Vamos, que si no bastase con asumir el poco esfuerzo que supone elegir uno de estos cofres, seleccionar luego una estancia es ir al riesgo mínimo. ¿Realmente pensáis sorprender regalando una noche de hotel? Arriesgad un poco. Elegid un lugar con encanto, uno de esos hoteles a los que realmente merece la pena escaparse y apostad por reservar una estancia lo más abierta posible. Que se note que realmente os habéis currado la elección del sitio. Porque no nos engañemos: una experiencia de hotel acaba sin usarse hasta que de pronto nos acordamos de que nos la habían regalado. ¿Y sabéis lo que suele ocurrir? Que entonces ya habrá caducado. Desengañémonos: las experiencias se han vuelto tan comunes que no sorprenden. Y es que hay tantas empresas que se dedican a eso…

¿Las experiencias son un buen regalo? Cofres, cajas, tarjetas...

Mención aparte merecen las experiencias de verdad. pero aquí sí que hay que jugar con los gustos de la persona sabiendo que la conocéis a base de bien. ¿Siempre ha querido hacer un viaje en globo pero no se ha atrevido? ¿Algo arriesgado que suele comentar con la esperanza de que alguien le invite? Entonces sí: buscad una de esas experiencias chulas y poco comunes y entregádsela como regalo. Conducir un Ferrari, un vuelo acrobático, un salto en paracaídas… Y aseguraos de acudir como compañía para que consiga materializar su deseo. Seguro que esa experiencia sí que no se olvidará, no como si le regaláis una noche de hotel para gastar en los próximos dos años.

Resumiendo: yo os aconsejaría que os abstuvierais de elegir cofres con experiencias y apostaseis por regalos que realmente concuerden con los gustos de la persona. Hay que esforzarse bastante más, sí. Se necesita conocer mejor al destinatario, también. Deberéis perder más tiempo en la búsqueda, no es menos cierto. Pero, a cambio, obtendréis un regalo que realmente se recuerde. Que los cofres con experiencias acaban olvidados hasta que de repente los encontramos mientras limpiamos el polvo…